La Pascua me recuerda por qué empecé de cero — y por qué lo haría otra vez

La Pascua me recuerda por qué empecé de cero — y por qué lo haría otra vez
por Cristóbal Jiménez Priego
No me corrieron por mal empleado.
Me corrieron por defender mi descanso.
Trabajaba en tecnología. Sistemas. Infraestructura. Era empleado, y eso me daba cierta estabilidad, un sueldo fijo, un rol claro, la tranquilidad de saber qué esperar el lunes por la mañana.
Pero poco a poco me fui haciendo consciente de algo: el trabajo me estaba acaparando el tiempo. No el tiempo de oficina ese lo entiendo, para eso me pagaban. Me estaba acaparando las madrugadas. Las llamadas a las 2 o 3 de la mañana para resolver problemas que ni siquiera me correspondían. Yo sé cómo funciono: si no duermo por lo menos 7 horas, no rindo. Y si me despiertan en la madrugada, ya no me puedo volver a dormir. Se acabó la noche.
Así que empecé a defender mi tiempo. No con drama. No con actitud. Simplemente puse límites.
No me dieron un ultimátum. No hubo una conversación difícil. Simplemente me corrieron.
Y a partir de ahí, no volví a ver atrás.
Lo que nadie te dice de independizarte
Ese fue mi último trabajo como empleado. Desde ese día decidí independizarme.
Suena bien cuando lo dices rápido. "Me independicé." Como si fuera un acto de valentía. La realidad es que fue un acto de necesidad y de mucho miedo.
Porque independizarte no significa que haces una cosa y te va bien. Significa que haces todo. Solo.
En mi caso, necesitaba la tecnología para traer pan a la mesa contratos pequeños, proyectos cortos, lo que fuera para generar ingreso mientras construía algo en bienes raíces. Pero no solo era eso. De un día para otro tuve que aprender de marketing, de finanzas, de administración, de recursos humanos. Cosas que antes alguien más hacía por mí. Ahora tenía más de un trabajo y nadie me iba a ayudar.
Ha sido un camino largo. De mucho aprendizaje. De muchos errores. De muchas noches pensando si estaba haciendo lo correcto.
Pero también ha sido el camino más honesto que he recorrido. Porque por primera vez, lo que estaba construyendo era mío.
El retiro que me abrió los ojos
Pasaron tres años así. Tres años corriendo solo, aprendiendo a golpes, sacando adelante lo que se pudiera. Y entonces, alguien me invitó a un retiro. No estaba en mis planes. No estaba de humor. Pero fui.
Y ahí empezó a cambiar todo.
No de golpe. No con un rayo de luz ni un momento épico. Fue más bien como si alguien me empezara a quitar una venda de los ojos poco a poco, con paciencia.
Lo que entendí en ese retiro fue algo que yo sabía de cabeza pero no había vivido de verdad: yo no estaba en control. Nunca lo estuve. Y Dios al que yo había ignorado durante años, al que había puesto en segundo o tercer plano mientras yo corría detrás de mis planes nunca me había abandonado.
Él siempre fue fiel conmigo. Aunque yo no lo fuera con Él.
Eso me rompió. Y estoy agradecido de que lo hiciera.
Por qué bienes raíces la razón de fondo
La gente me pregunta por qué bienes raíces. Y la respuesta fácil es que me gusta acompañar personas en decisiones importantes. Eso es cierto. Pero hay algo más profundo.
Yo he cometido muchos errores por falta de conocimiento. Por falta de la asesoría adecuada. Errores que dolieron en el bolsillo y en la confianza. Y lo más feo no fueron los errores en sí. Lo más feo fue darme cuenta, después, de que las personas que supuestamente me estaban ayudando no tenían mi mejor interés en mente. Tenían el suyo. Querían llenar sus bolsillos.
Eso me marcó.
Por eso a veces hablo de más. Porque no quiero que a nadie le pase lo que me pasó a mí. Me encantaría que cada transacción de bienes raíces fuera tranquila, clara, y honesta. Que el cliente se sienta protegido, no usado.
Después de otro retiro, empecé a entender un concepto que cambió la forma en que veo mi trabajo: el amor ágape. En el Evangelio, cuando Jesús le pregunta a Pedro "¿me quieres?", Pedro le responde que sí pero la palabra que usa es ágape. Un amor incondicional. Un amor que no pone condiciones, que no calcula, que no espera nada a cambio.
Eso es lo que quiero para mis clientes.
Sé que mi trabajo es la forma con la que le doy de comer a mi familia. No puedo dar descuentos de lo que como. Pero en mí van a tener un asesor que tiene su mejor interés siempre presente. Siempre. Eso no es un slogan. Es una convicción.
Eso es Agape Real Estate Group. No nació de un plan de negocios. Nació de una conversión.
Lo que la Pascua tiene que ver con todo esto
Voy a ser honesto: hasta hace dos años, la Semana Santa eran vacaciones para mí. Temporada vacacional. Días libres. Nada más.
No había vivido una Pascua como tal los rituales, la liturgia, el peso real de lo que se celebra hasta que participé de verdad. Y vivir la Semana Santa haciendo misiones con mi familia ha sido una de las experiencias más transformadoras de mi vida.
Porque la Pascua no es una fecha bonita en el calendario. Es la historia del dolor más profundo la agonía de ser rechazado por el mismo pueblo que viniste a redimir seguida de la resurrección.
Y eso es un ejemplo enorme para cualquiera que esté pasando por su propio viernes santo.
Yo lo viví a mi escala. Me corrieron por poner límites. Tuve que empezar de cero sin saber lo que estaba haciendo. Tuve que aprender sobre la marcha, cometer errores, y confiar en que había algo del otro lado aunque no lo podía ver.
Y lo había.
No recuperé mi trabajo en tecnología. No recuperé la vida que tenía antes. Pero lo que nació después — esta familia, este negocio, esta misión es infinitamente mejor que lo que dejé atrás.
Para ti, que estás en tu viernes santo
Si estás leyendo esto y sientes que te quedaste sin plan que te corrieron, que tu negocio no despega, que estás haciendo todo solo y no sabes si va a funcionar
Te digo algo que a mí me hubiera gustado escuchar cuando estaba en ese lugar:
El viernes santo no es el final de la historia.
Nunca lo es.
Lo que estás viviendo hoy es parte del proceso. No es un castigo. Es una preparación. Y al otro lado hay algo esperándote que ni siquiera puedes imaginar todavía.
Yo lo sé porque lo viví. Y lo haría otra vez.
No porque haya sido fácil. Sino porque lo que encontré al otro lado valió cada noche sin dormir, cada error, y cada momento de duda.
Res mea agitur, Gloria Deo.
Categories
Recent Posts











