Lo que Semana Santa le enseña a un hombre de negocios

by Cristóbal Jiménez Priego

Lo que Semana Santa le enseña a un hombre de negocios

por Cristóbal Jiménez Priego

Hace unos meses, mi director espiritual me retó a algo que me pareció imposible:

Descansar los domingos.

No "descansar" entre comillas con el teléfono en vibrador y un ojo en el correo. No. Descansar de verdad. No contestar llamadas. No responder mensajes. No revisar contratos. No abrir el correo electrónico.

Domingos. El día más activo en bienes raíces.

El día en que los compradores quieren ver casas. El día en que se firman ofertas. El día en que vencen fechas de opción, se negocian reparaciones, se mueven inspecciones. El día en que, si no contestas, el otro agente sí contesta.

Le dije que sí  pero por dentro pensé que estaba loco.

 

Las primeras semanas fueron un infierno

No exagero.

Cada domingo sentía el teléfono vibrar y me picaban las manos. Veía la notificación de un correo y mi cabeza ya estaba redactando la respuesta. Me sentaba a comer con mi familia y en lugar de estar presente, estaba calculando cuántas horas faltaban para el lunes.

No era disciplina lo que me faltaba. Era identidad.

Yo había construido mi valor alrededor de estar disponible. De responder rápido. De ser el agente que "siempre contesta." Y soltar eso se sentía como soltar una parte de mí.

Pero me comprometí. Y seguí.

 

"No se cayó el changarro"

La siguiente vez que vi a mi director espiritual, le conté cómo me había ido. Le hablé de lo difícil que fue. De la ansiedad. De las veces que casi agarro el teléfono.

¿Y saben qué me dijo?

Con una media sonrisa y ese tono que solo un buen director espiritual puede soltar:

"¿Y? ¿Se cayó el changarro?"

No. No se cayó.

Ningún cliente se fue. Ningún deal se perdió. Ningún contrato expiró por no contestar un domingo.

Todo seguía ahí el lunes por la mañana. Exactamente igual. Excepto yo  que llegaba diferente.

Más presente. Más claro. Más entero.

 

Lo que Semana Santa tiene que ver con todo esto

Semana Santa es la versión más radical de esa misma lección.

Es Dios diciéndote: para. Camina despacio. Suelta.

No mañana. No cuando se cierre este deal. No cuando termines la temporada fuerte. Ahora.

Y lo que he aprendido este año con el reto de los domingos como entrenamiento  es que Semana Santa no es solo una fecha en el calendario litúrgico. Es un modelo de negocio. Suena raro, lo sé. Pero escúchame.

El Jueves Santo es servicio, no producción. La última noche antes de que todo se desmoronara, Jesús no dio un discurso de ventas. Se arrodilló a lavar pies. El líder más influyente de la historia dedicó sus últimas horas de libertad a servir. Si tu negocio solo funciona cuando produces, no tienes un negocio, tienes una trampa.

El Viernes Santo es el deal que se cae. Todo hombre de negocios tiene su viernes santo: el cliente que se fue, el mes que cerró en rojo, la propiedad que no se vendió, la inversión que salió mal. Pero el Viernes Santo no es el final de la historia. Nunca lo es.

La Pascua es empezar de nuevo, pero desde otro lugar. Para que algo nuevo nazca, algo viejo tiene que morir. Hay formas de trabajar que te trajeron hasta aquí pero no te van a llevar más lejos. Hay hábitos que ya cumplieron su propósito. La resurrección no es volver a lo mismo. Es soltar lo que ya no sirve para recibir algo mejor.

 

Para ti, que estás leyendo esto entre pendientes

Si estás en bienes raíces o en cualquier negocio donde sientes que no puedes parar te entiendo. Lo viví. Lo sigo viviendo.

Cada domingo sigue siendo un acto de fe. No se ha vuelto fácil. Pero se ha vuelto claro.

Porque lo que descubrí apagando el teléfono los domingos es algo que ningún curso de productividad me enseñó:

Mi negocio no me necesita disponible 24/7. Mi familia sí me necesita presente.

Y "presente" no significa estar en la misma habitación con el teléfono en la mano. Significa estar ahí. De verdad.

Esta Semana Santa, te invito a que pruebes. Aunque sea un día. Suelta el teléfono. Cierra la laptop. Camina despacio. No para ser más productivo después sino porque hay cosas que solo puedes ver cuando dejas de correr.

Y si necesitas ayuda con tu proceso de compra o venta cuando regreses aquí voy a estar. Eso no cambia.

Lo que cambió es desde dónde te sirvo.

Ya no desde el miedo a perder una oportunidad.

Ahora, desde la paz de saber que lo que hago tiene un propósito más grande que cualquier comisión.

 

Res mea agitur, Gloria Deo.

Cristóbal Jiménez Priego
Cristóbal Jiménez Priego

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