Magnifica Humanitas: por qué esta encíclica me tocó como hombre de fe y de tecnología

Magnifica Humanitas: por qué esta encíclica me tocó como hombre de fe y de tecnología
Por Cristóbal Jiménez Priego
Trabajo con inteligencia artificial todos los días. La uso para analizar mercados, para organizar datos, para producir contenido. Vengo del mundo de la tecnología, trabajé años en IT antes de dedicarme a los bienes raíces. La tecnología no me asusta; al contrario, me fascina.
Pero cuando leí Magnifica Humanitas, la primera encíclica del Papa León XIV, algo se me movió por dentro. No porque dijera algo que yo no supiera, sino porque puso en palabras algo que llevaba tiempo sintiendo sin saber cómo nombrarlo: la tensión entre lo que la tecnología puede hacer por nosotros y lo que puede hacernos a nosotros.
¿Torre de Babel o ciudad de Dios?
El Papa abre la encíclica con una imagen que me dejó pensando durante días. Dice que nuestra generación enfrenta una decisión: construir una nueva Torre de Babel o construir la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos.
Si conoces la historia de Babel, sabes de qué habla. La torre no era mala por ser alta, era mala porque su propósito era reemplazar a Dios. Era la soberbia humana disfrazada de progreso. Y el Papa nos dice que la inteligencia artificial puede convertirse exactamente en eso: una herramienta tan poderosa que nos haga creer que ya no necesitamos a Dios. Que los datos y los algoritmos pueden resolver todo. Que la persona humana se puede reducir a información y rendimiento.
Yo lo entiendo desde adentro. Pasé años creyendo que si acumulaba suficiente conocimiento, suficiente dinero, suficiente éxito, iba a llenar ese vacío que cargaba. La tecnología era parte de esa promesa, más herramientas, más control, más poder. Pero el vacío seguía ahí. Solo Dios pudo llenarlo.
Lo que no se puede automatizar
Una de las frases que más me marcó de la encíclica es esta: en la era de la inteligencia artificial, nuestro deber más urgente es seguir siendo profundamente humanos. Debemos cuidar con amor la grandeza de la humanidad que se nos ha dado y que se revela en plenitud en Cristo un esplendor que ninguna máquina puede reemplazar.
Piensa en esto aplicado a lo que yo hago. Sí, puedo usar algoritmos para encontrar propiedades. Puedo usar herramientas digitales para analizar tendencias de mercado. Pero lo que hace que mi trabajo tenga sentido no es ninguna de esas cosas. Es sentarme con una familia que acaba de llegar a Houston y escuchar sus miedos. Es entender que detrás de cada transacción hay un sueño, una historia, una oración. Eso no se automatiza.
El Papa habla de cómo la tecnología puede generar desempleo masivo, cómo afecta la educación, cómo amenaza la libertad. Y todo eso es real y es importante. Pero lo que más me llegó fue algo más sutil: la advertencia de que podemos dejar de pensar por nosotros mismos. Que podemos confundir tener acceso a datos con tener sabiduría. Y esa confusión ya la veo todos los días en mi industria y en la vida.
No ser espectadores pasivos
Hay algo que el Papa León XIV deja muy claro: los cristianos no podemos ser espectadores pasivos ni simples comentaristas de lo que se derrumba. La fe nos pide acción. Nos pide participar en la construcción, no solo criticar desde afuera.
A mí esto me resuena mucho. Cuando fundé Agape Real Estate Group, elegí construir sobre una plataforma tecnológica Real Brokerage precisamente porque creo en la innovación. No estoy en contra de la tecnología. Estoy en contra de usarla sin propósito, sin valores, sin Dios en el centro.
Y aquí es donde la encíclica nos reta: ¿estás usando la tecnología para servir o para ser servido? ¿Para construir patrimonio con integridad o para acumular sin sentido? ¿Para acercar a las personas o para reemplazarlas?
Fe y tecnología: no tienen que pelear
La encíclica fue firmada el 15 de mayo exactamente 135 años después de Rerum Novarum, la encíclica de León XIII que fundó la doctrina social de la Iglesia durante la primera revolución industrial. Esa conexión no es casualidad. Así como la Iglesia respondió entonces a los retos del trabajo y el capital, hoy responde a los retos de la inteligencia artificial y la dignidad humana.
Lo que más valoro es que el Papa no dice: apaguen todo. No pide que nos alejemos de la tecnología. Pide prudencia, evaluación rigurosa y, a veces, un paso más lento. Pedir prudencia no es oponerse al progreso es ejercer un cuidado responsable por la familia humana.
Eso es exactamente lo que intento hacer en mi negocio. Uso inteligencia artificial. Uso herramientas digitales. Pero las uso al servicio de las personas, no al revés. Y cuando tengo que elegir entre eficiencia y humanidad, elijo humanidad. Siempre.
Construir sobre roca también en lo digital
El Salmo 127 dice: "Si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los que la edifican." Esa verdad aplica tanto a una casa de ladrillos como a un negocio digital. Si lo que construimos no tiene a Dios como fundamento, no importa cuán avanzada sea la tecnología que usemos estamos construyendo sobre arena.
Magnifica Humanitas no es una encíclica solo para teólogos o expertos en tecnología. Es para ti y para mí. Para cada persona que usa un teléfono inteligente, que busca casa en internet, que toma decisiones financieras influenciada por algoritmos. Es un llamado a no perder lo más valioso que tenemos: nuestra humanidad, creada a imagen de Dios.
Y desde este rincón de Houston, desde este negocio de bienes raíces que lleva el nombre del amor más grande — ágape —, yo elijo responder a ese llamado. Con fe. Con tecnología. Pero siempre, siempre, con las personas en el centro.
Ad maiorem Dei gloriam.
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